El tercer sector pionero en el tándem de información financiera y no financiera

El tercer sector (ONL) engloba a cooperativas sociales, fundaciones, asociaciones, centros especiales de empleo y otras entidades que constituyen un pilar fundamental en el modelo social de nuestro país y que están asumiendo acciones y responsabilidades delegadas por las administraciones públicas, destinadas a disminuir el riesgo de pobreza y exclusión, así como otras labores de carácter social. Un sector comprometido con las personas, dónde la gestión económica es esencial cuando se habla de la sostenibilidad del proyecto. Acostumbradas al control de costes de una manera más o menos sofisticada en función del tamaño de la entidad, todas ellas son conocedoras de la importancia de la gestión de la información no financiera y la necesidad de realizar un tándem entre ambas, no sólo para mejorar la eficiencia y conocer dónde y cuándo deben aplicar los recursos, sino para asegurarse que éstos llegan al máximo de beneficiarios.

Las entidades son conocedoras que, en la actualidad, muchas de las acciones que realizan estarían en riesgo si no gestionan adecuadamente sus recursos, siendo uno de sus principales riesgos y un punto en común de todos los planes estratégicos, la sostenibilidad y estabilidad de la entidad, debido especialmente a la alta dependencia a la financiación pública con las limitaciones que ello conlleva, no solo en cuanto al cumplimiento de la planificación, sino también a nivel presupuestario.

La diversificación de ingresos y el acceso a la financiación son un reto para todas las entidades, que así quieren asegurar su supervivencia y no depender de las incertidumbres vinculadas a las políticas gubernamentales, las restricciones presupuestarias, los cambios de criterio de reparto de subvenciones o las prórrogas presupuestarias de ciertos concursos con condiciones para varios ejercicios anteriores.

Por tanto, si uno de los riesgos y retos de las ONL consiste en ampliar el abanico de sus fuentes de financiación, una buena comunicación sobre sus objetivos, motivación y modus operandi serán imprescindibles para conseguir captar nuevos recursos. En este sentido, la transparencia y el buen gobierno, que son una característica genética de toda ONL, se hace necesaria para comunicar a todos los grupos de interés los objetivos de la entidad, mostrar el valor añadido que aporta y para mejorar la captación y retención de talento, reto de la gran mayoría de organizaciones, sean o no ONL.

Grandes retos generales independientemente del tamaño de la entidad:

  • Sostenibilidad y estabilidad del proyecto
  • Diversificación de sus fuentes de financiación
  • Mayor comunicación de sus objetivos y logros
  • Continuar con la transparencia y el buen gobierno

 

Y otros retos que comparten con otras entidades sean, o no ONL, como son:

  • Captación y retención del talento
  • Digitalización
  • Ciberseguridad
  • Otros vinculados a las tendencias globales, como los cambios demográficos, medioambientales, poderes económicos, etc.

 
La visión estratégica en un entorno cambiante afecta a todas las entidades, las ONL no están excluidas de esta situación, debiendo anticiparse a la demanda social y los cambios que vendrán, como son el aumento de la edad de la población y las demandas asociadas a estos colectivos, el incremento de los movimientos migratorios y las atenciones que necesitarían especialmente niños y jóvenes, los cambios medioambientales y las consecuencias que todo ello conllevará en la sociedad, etc.

Cada entidad debe analizar los riesgos propios y de su sector, definir sus principales retos y reflexionar sobre su visión estratégica con la finalidad de planificar acciones a corto y medio plazo. Pero de entre todas ellas, tal como apuntábamos al inicio, la mejora de la comunicación externa e interna, dando a conocer la misión y la diferentes actividades y beneficiarios a los diferentes grupos de interés será esencial en términos generales para todas ellas. No sólo por el efecto multiplicador que ello conllevará, el sentimiento interno y la involucración del equipo humano y de los colaboradores, sino como eje transversal para alcanzar todos los retos que se proponga la entidad.

En este punto de la comunicación, el estado de información no financiera puede ser un punto de inflexión y si se le añade su verificación externa, la veracidad de los datos y la transparencia de su gestión incrementará más que proporcionalmente.

Muchas entidades del sector son plenamente conocedoras de este hecho y de cómo puede impactar en su reputación y reconocimiento de ahí que no sólo realicen informes de sostenibilidad, sino que muchas de ellas lo hagan en algún formato estándar como puede ser GRI o Pacto Mundial y otras además también lo sometan a verificación externa.

Desde esa premisa, las ONL han gestionado la información no financiera mucho antes del boom de ésta, introduciendo en sus indicadores de gestión (KPI) elementos como personas atendidas, impacto de los servicios en su entorno y otros elementos cualitativos, de ahí que ahora ordenarlas, medirlas, explicarlas y revisarlas es el siguiente paso a realizar para muchas de ellas.

El sector está habituado a tener en cuenta otros parámetros diferentes a los puros datos económicos para medir sus actividades y presupuestos, pero aun así, tal vez no existe una metodología clara y homogénea para medir y comparar los resultados, de ahí la importancia de realizar este tipo de informe y su revisión externa.

Por último, la comunicación interna y externa del mismo, es el siguiente punto para su visibilidad, comprensión e interiorización de las acciones y estrategia de la entidad. Una buena política comunicativa adaptada a sus características y un seguimiento adecuado para valorar los resultados será otro punto diferencial con el que llegar a todos los grupos de interés.

Hemos de recorrer un largo camino, existen muchas incertidumbres y cambios a corto plazo, pero la gestión de la información financiera y no financiera nos puede ayudar a todos, especialmente, a las entidades del tercer sector.

 

Artículo publicado en la revista l’Auditor número 85.